Por otro lado, hay quienes han defendido a las hermanas, alegando que la infidelidad es una cuestión personal y que cada individuo tiene derecho a tomar sus propias decisiones sobre su vida amorosa. También han señalado que la sociedad chilena debe avanzar hacia una mayor apertura y comprensión sobre las diversas formas de vivir las relaciones amorosas.
Otros han argumentado que la infidelidad, independientemente del género de los involucrados, debe ser abordada desde una perspectiva de derechos y responsabilidades individuales, más que desde un enfoque que culpabiliza o exonera basado en estereotipos de género.
La opinión pública en Chile se ha dividido respecto al caso de las tres hermanas infieles. Por un lado, muchos han condenado la infidelidad, argumentando que se trata de una falta de respeto hacia las parejas y hacia los valores familiares tradicionales. Han expresado que la infidelidad no solo daña las relaciones de pareja, sino que también afecta a los hijos y familiares cercanos.